Páginas

julio 26, 2008

Hagase respetar

¿Es usted un gerente bonachón y le resulta difícil dar órdenes? ¿Es una madre de familia y sus hijos no quieren obedecerla? ¿Es usted una persona incapaz de decir no?



En un mundo ideal, las relaciones humanas se caracterizarían por el respeto, la comunicación sin obstáculos y la delicadeza en el trato entre las personas. Por desgracia las cosas no son así. En la vida real, ciertos individuos presionan constantemente a los demás: piden exigen, abusan hasta que encuentran resistencia. Algunos no pueden resistirse a estos abusos, y luego encuentran explicaciones de por qué son siempre las víctimas.

Consideremos estos ejemplos de la vida diaria.



- Ana tiene una “amiga” que continuamente le pide cosas prestadas, pero nunca se las devuelve, y Ana no se atreve a exigirle que lo haga.

Su excusa: “Si me le enfrento, heriré sus sentimientos; y ella es mi amiga”.



- En la oficina, Juan tiene un colega persuasivo que lo convence una y otra vez de que haga parte de su trabajo. Juan se considera na persona amable y siempre dispuesta a conceder favores. No obstante sabe que esta amabilidad sólo sirve para darle a su colega más tiempo de divertirse. EL pretexto de juan es este: “Lo que pasa es que nuca se presenta el momento ni el lugar adecuados para traer a colación el problema”.



- Andrea le concede a sus hijos casi todo lo que piden, ya sean juguetes nuevos, acostarse tarde o ver televisión en lugar de hacer la tarea he aquí la justificación de Andrea: “Sólo son niños. No es que quieran aprovecharse de mí”



Las personas como Ana, Juan y Andrea han aprendido, generalmente en la niñez, a sacrificar su dignidad por la aprobación ajena. Simplemente no saben negarse a nada... y sufren por ello.



Sin embargo, todos podemos cambiar. Si usted se siente identificado con Ana, Juan o Andrea, puede aprender a manifestar sus sentimientos y expectativas de tal manera que proteja su integridad y les inspire respeto a los demás.

El primer paso consiste en identificar y corregir los malos hábitos de comunicación que caracterizan a las personas pasivas. 

No ofrezca a la otra persona una excusa por su falta. Ejemplo:“Has estado llegando tarde a trabajar, pero sé que no eres madrugador y que te resulta difícil entrar en acción tan temprano”. Cuando usted proporciona una excusa semejante, lo que la otra persona entiende es que no tiene nada de malo lo que ha hecho. Así se prepara el terreno para el abuso continuo y, por esta manera de reaccionar, a usted se le considera débil e incapaz de llegar hasta el fin sin vacilar.

No se disculpe por exigir algo razonable. Ejemplo: tres horas después de ordenar a su hijo que asee su habitación, el padre le dice: “Lamento haberte hablado de esa manera, hijo, pero tú sabes que realmente no tenía la intención de hacerlo. Sé que lo habrías aseado por iniciativa propia”. ¡Tonterías! Cuando se ofrece una disculpa después de hacer cumplir una orden, generalmente es por un sentimiento de culpa o temor. Anular de este modo el mandato provoca una pérdida de respeto.



No haga demasiados comentarios cuando dé una orden. Ejemplo: “En realidad necesito ese informe el viernes, pero podría dejarlo para la semana próxima. Quizá ni siquiera llegue a necesitarlo, si las cosas marchan bien”. Elimine todo “pero” y “si”... La afirmación llana de que espera que se termine el trabajo evitará malos entendidos, y usted lo tendrá a tiempo.



No se escude en la autoridad de otros “El jefe dice que tienes que...” “Tu madre dijo...” Estas frases sacan del aprieto al individuo titubeante, pero también lo colocan en el papel de mensajero carente de autoridad. A usted se le considerará mucho más fuerte si, al pedir algo o dar una orden, comienza con frases como “Quiero que tú...”



Conforme elimine los puntos débiles en su manera de comunicarse, vaya sustituyéndolos por hábitos que le permitan ejercer mayor fuerza. A continuación le sugerimos ocho maneras de lograrlo. Pero dehese tiempo. Para comenzar, tome en cuenta uno o dos de estos consejos en sus relaciones con los demás; luego considere algunos otros. Recuerde que la firmeza y la persistencia cuentan.



1. Sea Directo

Exprese con claridad sus disposiciones. Los individuos pasivos suelen suponer que los demás adivinarán lo que se espera de ellos. Esto causa problemas.

2. Analice bien las cosas

Reflexione sobre todo asunto que deba exponer. Pensar las cosas por adelantado le permitirá explicarlas en forma clara y convincente.

3. Afronte los problemas tan pronto como surjan

Al eludir los problemas, usted permite que se agraven y se vuelvan más difíciles de resolver. En cambio, si los afronta oportunamente, aunque sean insignificantes, entonces puede dejar claro desde el principio lo que piensa al respecto.

4. Seleccione con cuidado los asuntos que vaya a resolver

A menudo, la gente, al tratar de ejercer mejor su autoridad, pretende lidiar con demasiados problemas. La selectividad permite un mayor control y más posibilidades de obtener buenos resultados.

5 Que su manera de dirigir a otros no parezca colérica

Resulta contraproducente actuar de manera autoritaria sólo en arranques de furia. Si no logra imponerse con calma, sus reacciones serán quizá demasiado agresivas. Además, cuando una persona está enojada, su interlocutor suele tomara la defensiva y así no se resuelve nada.

Corolario: que no le provoquen las reacciones excesivamente emotivas de la otra persona. Al no exasperarse, usted pondrá en evidencia la inmadurez de ese comportamiento, y su calma ejercerá un efecto tranquilizante en su interlocutor.

6 Actúe en su propio terreno.

En las competencias deportivas, generalmente triunfan lo equipos que juegan en su propia localidad. Lo mismo ocurre en el don de mando: es difícil enfrentarse a su colega en su oficina o en su casa. Si usted procura discutir en su propio terreno, ello le dará una ventaja sutil, pero muy fuerte.

7 Use expresiones no verbales

Mire a su interlocutor a los ojos mientras le habla. En vez de repetir sus argumentos, recurra al silencio para reforzarlos. Haga gestos apropiados(pero no agresivos) para subrayar lo que dice.

8 Evite las amenazas que no vaya a cumplir

Hasta los niños distinguen una fanfarronada. Para reforzar su credibilidad, fije expectativas razonables y señale las consecuencias que sobrevendrían si no se alcanzaran. Luego siga adelante hasta el fin de lo que haya planeado. Sólo se obtiene el respeto de los demás cuando ellos saben que uno habla en serio.



No es fácil el paso de la pasividad a la fuerza de carácter. Se pierden algunas amistades, pero no vale la pena resultar simpático a costa de la propia dignidad. Además, gracias al cambio se establecen nuevas y más sanas relaciones, conforme les va enseñando uno a los demás a responder de acuerdo con las propias actitudes hacia ellos. A fin de cuentas, nadie más que usted es responsable de la calidad de us relaciones interpersonales.


© 1986 POR BRUCE A. BALDWIN.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja un comentario escribiendo en el cuadro (Pongan su nombre...anonimos)